miércoles, 29 de diciembre de 2010

.-1-. Regreso a Brasov


.-1-.

Regreso a Brasov


Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo
 y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.

Mario Benedetti, Elegir mi paisaje


(Actualidad)
   Miró el cielo a través de la ventanilla del coche, como de costumbre estaba nublado, anunciando un día de nieve. No entendía porque sus tíos la obligaban a pasar todos lo inviernos en aquel pueblo perdido entre las montañas de Rumania, conocida como la vieja Transilvania.
  Por culpa de la nieve ya acumulada desde Septiembre, se habían visto obligados a parar para poner las cadenas en las ruedas del coche. Vesna adoraba aquel paisaje, pero odiaba el echo que tuviese que ir allí obligada y sin ninguna razón consistente. Tía Catalina decía que era porque les gustaba ir de excursión por el bosque, o porque es bueno respirar aire fresco, decía Tío Andrei. Pero ninguna de esas razones le  parecía suficiente motivo a Vesna.
   Puestas las cadenas al coche siguieron por la carretera en dirección a Brasov.

   Cuando llegaron la gente ya se iba a sus casas, ya que en una hora el sol ya acabaría de ocultarse entre las montañas nevadas. Había sido un viaje largo y Vesna sentía todo su cuerpo dolorido por los diversos baches que habían encontrado por el viejo camino.
En cuanto aparcaron el coche, entraron dentro de la casa que sus tíos compraron cuando ella cumplió seis años. Era un casa con la fachada de piedra, y en el interior todo estaba recubierto de madera.  Era una casa de dos pisos con un desván. En la planta baja había una pequeña cocina, el gran comedor con su chimenea, un sofá, un sillón y una mesa en el centro de la sala. De las paredes colgaban cuadros que tía Catalina  había dibujado en sus viajes por America, y en las estanterías habían los libros que tío Andrei utilizaba en la época que ejerció como profesor. Tío Andrei daba clases a Vesna cada día desde que ella tenía memoria, pero aun así el ya no enseñaba en una escuela desde hacía mucho tiempo.
En el segundo piso había un baño, la habitación de sus tíos, un despacho -mas bien utilizado como trastero- y la habitación de Vesna. Era una habitación amplia.  La cama ocupaba la esquina que daba a una gran ventana. Las sabanas tenían un bonito estampado de flores azules y grisáceas con pequeñas estrellas doradas.  En cuanto Vesna vio la cama deseó irse a dormir sin ni siquiera cenar, pero se moría de hambre. En el centro de la habitación, una alfombra blanca de terciopelo, y al otro lado un escritorio lleno de bocetos que Vesna había dibujado el invierno pasado. Dejó la maleta en el suelo, y se acercó al escritorio. Pasó suavemente los dedos por encima de aquellas hojas. Había dibujada una mujer, era delgada, el pelo rizado y castaño le iba por debajo de los hombros. Se parecía mucho a Vesna, salvo por los ojos azules, Vesna los tenía de color miel y por la cabellera, la de Vesna era completamente pelirroja. Recogió los dibujos y los guardó dentro de una carpeta marrón.

Después de haber cenado salió a buscar el IPod que se había dejado en el coche. Se puso las botas y un jersey rojo de lana. El coche no estaba muy lejos, solo a dos calles más arriba. Entre las nubes se veía un poco la Luna y algunas estrellas. Casi no soplaba el viento, y no hacía demasiado frío.
Llegó donde estaba aparcado el coche cuando se dio cuenta de que no había pedido las llaves a su tío.
   -¡No puede ser! ¿Cómo puedo ser tan torpe?- Exclamó sin percatarse de que no estaba sola en aquella calle.
   -¿Necesitas ayuda?- Preguntó aquella persona que a Vesna, por la voz áspera y la silueta cuadrada, le pareció un chico no mucho más mayor que ella.
A Vesna le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, y lo que en ése instante le pareció más sensato fue correr hacia su casa, sin mirar atrás, sin comprobar si aquel gamberro, atracador o borracho la estaba siguiendo.
Llegó a casa agitada, nerviosa y con miedo. Dio las buenas noches a sus tíos y rápidamente se fue a dormir. Pensó en si ese pueblo era un lugar seguro para ella. Sentía algo extraño en su interior, como si hubiese algo allí fuera esperándola.
Mañana será un nuevo día, mañana será un nuevo día- se repetía para si misma – mañana será un nuevo día…
Sus parpados fueron cerrándose a medida que su mente se calmaba y daba paso al mundo de los sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario